¿Ebooks a través de distribuidora? Si, por supuesto.

Corre desde hace tiempo una especia por la Red, acerca de cómo las nuevas tecnologías van a «librar» a la literatura de «los intermediarios». Intermediario tiene en este caso connotación negativa: no la de la pieza necesaria para poner en contacto a dos partes, sino de parásito incrustado en la cadena que saca beneficio sin aportar nada.

Y parte de esos maléficos intermediarios destinados a desaparecer en el nuevo panorama son los distribuidores. Es posible leer esa sentencia en multitud de entradas en un sinnúmero de blogs. Se repiten tanto, su discurso es tan parecido, que no queda más remedio que pensar que en realidad estamos ante ecos de un mantra, de un meme, que rueda incontenible por las redes desde hace años.

Nos argumentan —lo de argumentan es un decir— que, en el nuevo panorama, tanto los autores que deciden publicar por su cuenta como las editoriales, al poder negociar con las plataformas de venta, ya no necesitan intermediarios. Y que eso, por supuesto, es positivo.

Bien. Es cierto que, en la actualidad, incluso particulares que se autoeditan en red pueden negociar con facilidad con grandes plataformas de venta de libros electrónicos. Que esas plataformas mueven el grueso de las ventas. Y que, al hacerlo de forma directa, su margen de beneficios es mayor. Hasta ahí, el discurso es inatacable.

Sin embargo, veamos los contras, además de los pros.

¿Qué pasa con el resto de librerías on-line que no son las plataformas de venta? Porque hay librerías más allá de Amazon, Casa del Libro, Google Books, IBooks, Barnes & Nobles, etc. Porque hay multitud de librerías de toda la vida que han abierto su sección de venta de libro electrónico. Si prescindimos de las distribuidoras, las condenamos al desabastecimiento.

Una pequeña editorial, y no digamos un autor, no tienen recursos humanos para negociar una a una, de forma directa, con todas esas librerías (plataformas de venta). Y a una gran editorial no le interesa porque las ventas modestas de muchas de ellas hace que no sea rentable.

Si prescindimos de las distribuidoras (plataformas de distribución de ebooks), si nos centramos en negociar solo con las grandes plataformas de venta, estamos condenando a las demás librerías. ¿Es eso positivo? Creemos que no. No por muchas razones, la primera de ellas porque mala cosa es perder puntos de venta y peor es que al final estos se reduzcan a media docena.

Pero nosotros no nos quedamos con ninguna razón estratégica. Si con una más básica, que es la siguiente:

Las librerías de toda la vida las están pasando canutas, como casi todo el país. Tratan de salir adelante abriendo el abanico de negocio y, parte de ello, es tratar de vender ebooks. No vamos a ser nosotros los que le neguemos la posibilidad de hacer negocio y subsistir por ese camino. Los hay que dicen que sus ventas son ínfimas. Bien, eso han de remediarlo ellos, pero hay que darles la oportunidad.

Por eso, en Kokapeli, hemos optado por recurrir a una plataforma de distribución. Porque, al revés que muchos, consideramos que es positivo y ayuda a mantener eso que algunos llaman la bibliodiversidad. Por nosotros, que no quede.